miércoles, 6 de abril de 2022

Las cosas que no decimos

 La carta suicida


Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

César Vallejo


Aquí se acaba el miedo
las preguntas sin resolver
y el anhelo por el mañana

Aquí se desvanecen 
las marcas de mi pecho
y el uso de las navajas 

Aquí elijo el frío del mar
y escondo tu nombre
en las últimas palabras

Aquí donde puedan
reconocerte
intencionalmente

Nunca me sentí tan cansado hasta que llegué a ti. No me mal entiendas, ni me mal interpreten. No te culpo, siempre hubo claridad por parte tuya, y en repetidas ocasiones dejaste muy claro que tu propósito en mi vida solo era de paso. Soy yo el que siempre, incluso en estos momentos, se aferró a la idea de que esto no era temporal. Error mío.

Lo único que pretendo es que no niegues que conoces lo que me ha sucedido y cómo cada decisión que he tomado respecto a nosotros me trajo hasta aquí, de nuevo no como consecuencia de algo que tú hayas hecho sino de algo que yo mismo propicié.

Quise creer que soportaría una situación, la tuya, como una persona estable por completo y con la madurez necesaria para lograrlo, sin embargo queda demostrado que fui sobrepasado siempre.

Elijo irme, finalmente, porque lo que siento al saber lo que haces (al menos lo que puedo ver) es más de lo que puedo soportar.

Te pido entonces: no niegues saber lo que me pasó, te lo pido como respuesta a mi respeto de no contar lo que sucedía entre nosotros.

Por eso mismo me llevo todo lo que ha pasado entre nosotros conmigo, porque sé que seré fácilmente olvidado, y lo espero también.

Si algo han de saber que sea de boca tuya y no por mis palabras que poca justicia harán del caso.

Y eso es todo lo que tengo que decir aquí.

jueves, 25 de febrero de 2021

El nuevo desenlace

Antecedentes 15

Algunas cosas sí pasan igual que en las películas, por ejemplo los besos bajo la lluvia. Ese fue uno de los bellos momentos que tuve con M., sin embargo, y como lo anuncié al final de la entrada anterior de esta etiqueta, la locura no tardó en llegar. 

Solo pasaron seis meses en los que intentamos mantener una relación estable, pero no era ella ¿cómo lo sé (o lo supe)? Porque nunca quise compartir realmente mis espacios a diferencia de como hacía ella. Pero cada cosa pasa por algo y esto me ayudó a identificar, años más tarde, el momento en que verdaderamente me supe enamorado. Pero ya llegaremos a eso.

Cerca de los seis meses, algunos problemas comenzaron a hacerse presentes, entre ellos la disponibilidad de tiempo que teníamos para hacer crecer la relación. Ambos trabajábamos mucho, pero ella, además de esto, tenía la responsabilidad con su hija, y también un compromiso moral con su familia, acababa de terminar una relación y para nada era buena idea que alguien más llegara y se mostrara como su nueva pareja. Así que ni pensar en pasar tiempo juntos porque alguien podría vernos. 

En realidad ninguna de esas cosas me molestaban, y lo cierto es que procuré mostrarme flexible en esto (como todo lo escrito, esto es mi versión de las cosas). Lo que terminó siendo un problema real, o más bien ficticio, es que hubo un momento en el que percibí que había algo más entre ella y un compañero de trabajo. 

¿Recuerdan a la ardilla? Bueno, en algún punto ya me había susurrado que era más que probable que la situación ya mencionada fuera algo que estaba pasando bajo mis narices. Sobra decir que nada de eso era cierto, vaya, el chico en cuestión sí quería algo con ella pero nunca tuvo oportunidad. No obstante, hice tan grande este pensamiento que me llevó finalmente a tomar la decisión de terminar con ella.

En este punto cuento lo que pasó en realidad (y esto lo pude descifrar meses después): muchas de las personas, entre ellas yo, optamos por inventar pseudoproblemas cuando sentimos que las cosas van bien, y en el fondo no queremos eso, básicamente lo que conocemos como autosabotaje. Por ese motivo es que terminé (porque la ardilla soy yo) enlazando puntos que, aunque no tuvieran relación, bien podría encadenar una mente enferma como la mía.

Aquí viene otra cosa importante: no estoy seguro si ya es notorio, pero he comenzado a ser menos detallado, menos específico. Se me agota el tiempo, y me urge llegar al punto importante de todo esto. Así pues comenzaré a resumir un tanto el periodo que viene y que no es importante para que podamos llegar a la razón de comenzar con este blog.

Timpeskip

Para el momento en que terminé con M., ambos estábamos ya en otros trabajos. Ella seguía en recursos humanos pero de otra empresa mientras yo me dedicaba ya a la docencia. La persona que me ayudó a ingresar a una escuela fue L., quien había vuelto meses atrás a la ciudad. 

Meses después de los eventos con M. sentí que L. me seguía interesando, nada nuevo en realidad. Así que me mantuve cerca pensando que eso era lo que quería. 

Al mismo tiempo mantenía charlas con M., así que en teoría seguía interesado en ambas, y digo en teoría porque después de unos meses pude darme cuenta que solo era una cuestión de costumbre. Yo sabía cómo eran las dos y ellas me conocían un poco a mí. Era un espacio seguro. 

A partir de aquí, ahora sí se viene lo bueno.

martes, 23 de febrero de 2021

Acerca de los espacios que dejamos

En septiembre del año pasado ELLA y yo teníamos planes de construir un espacio juntos. Meses atrás exploramos diversas opciones y finalmente hallamos una que parecía adecuada. Me encontraba más que entusiasmado. El espacio no era muy grande, pero sería nuestro y ahí podríamos conocernos y crecer juntos. 

El día en que comenzamos a mover más cosas nos enteramos de un par de noticias que impedían que todo sucediera tal cual lo habíamos planeado, ¿ya les dije que las cosas no suceden como uno lo espera? Así que con esa nueva realidad decidimos hacer lo mejor posible.

Lo primero que pasó fue que cedí mi copia de las llaves, eso me hizo sentir con un pie fuera del plan, pero como todo buen adulto no dije nada: hay cosas que es mejor no decir por el bien común. Los siguientes pasos también fueron dejándome fuera del panorama, aunque era un espacio en el que podía estar, ya no era mío. No discuto el hecho de que para ELLA era necesario que ese lugar fuera un proyecto o plan personal, por eso era mejor aceptar que no tenía vela en ese entierro y simplemente apoyar en la medida de lo posible.

Poco después vinieron las peleas, las reconciliaciones, y más discusiones.

En diciembre decidí que era mejor apartarme y cortar toda comunicación para que cada uno pudiera crecer a su ritmo y resolver las cosas que tenemos pendientes.

Hace dos semanas ELLA vino a verme y me contó que debía dejar el apartamento. Era una cuestión que escapaba a su control y por tanto no había algo que pudiera hacer para conservar ese sitio.

La semana pasada pude estar algunas horas con ella ahí, todavía no se sentía el movimiento de la mudanza y del cambio, pero en estos días, y a través de fotos he ido observando cómo el lugar que alguna vez sentí mío ha ido perdiendo su forma: la que yo conocía.

Esto me ha hecho pensar en el final de Friends, ese episodio en el que todos se ven por última vez en el apartamento que de algún modo compartieron a lo largo de tantos años. 

No me he atrevido a decirle cómo me siento, o las cosas que pienso respecto a esto, pero sin duda existe un vacío que va creciendo a la par del que se puede mirar en su departamento. Pienso que extrañaré poder recostarme en su cama para llorar después de sentir que no podemos estar juntos. Me hará falta el canto del gallo por la mañana, pero sobre todo me duele la idea de que las cosas ya no sucedan entre nosotros. 

Yo no sé cuál es mi papel ahora mismo en esto, me siento un mero espectador, un niño que puede estar en la calle pero solo si se queda sentado junto al adulto responsable. Mientras tanto miro cómo la tarde transcurre y mis ganas de saltar, ensuciarme las ropa y rasparme las rodillas se quedan en mis manos sudorosas de ansias.

La ansiedad crece, los días se tornan de nuevo insoportables y pienso en uno de los nocturnos de Xavier Villaurrutia, Nocturno muerto:

Primero un aire tibio y lento que me ciña
como la venda al brazo enfermo de un enfermo
y que me invada luego como el silencio frío
al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.

Después un ruido sordo, azul y numeroso,
preso en el caracol de mi oreja dormida
y mi voz que se ahogue en ese mar de miedo
cada vez más delgada y más enardecida.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
el corazón inmóvil como la llama fría?

La tierra hecha impalpable silencioso silencio,
la soledad opaca y la sombra ceniza
caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.

Sigo pensando en el mar, sigo creyendo que el mar me llama con tal fuerza que no puedo, ni quiero, resistir a su llamado.

Pronto en mis oídos
el ruido de las olas
y en mi boca su nombre 
pierde fuerza en el agua 
tal vez mañana el sol 
en mis ojos sin nadie

domingo, 21 de febrero de 2021

Enloquecer en domingo

Sueño el mar

Desde pequeño he tenido una fascinación por el agua. Recuerdo lo mucho que disfrutaba, todavía lo hago, los baños largos, sumergir mi cara en una cubeta o una alberca (hasta antes de saber nadar), sumergirme en el mar, replicar la escena de surfeo de Nicolas Cage en Un ángel enamorado, flotar, caminar bajo la lluvia. 

Hace no mucho tenía en mente realizar un viaje a la playa. Debía llegar en las primeras notas del alba. Realizaría algunas llamadas, no tantas puesto que muchos no podrían escuchar el sonido del móvil avisando mi intento de comunicación. Tal vez fumaría un cigarrillo, el último. Después dejaría mi ropa en la orilla y entraría al mar. Sentiría el impacto del frío del agua y mi cuerpo tardaría solo unos segundos en aclimatarse, al menos eso esperaba. Finalmente, avanzaría mar adentro tanto como me fuera posible y daría mi última bocanada. 

Existen dos historias que escuché un año atrás. La primera tiene que ver con un compañero de la facultad que no recuerdo. Durante un viaje con sus amigos, y sin percatarse por completo de lo picado del mar, sería devorado por el agua y solo volverían a verlo para tratar con desesperación de ayudarle. Todos los intentos fueron en vano. El cuerpo volvió a Puebla y con él la pena y el dolor de haber perdido a un hijo, un amigo, una pareja. Pero la vida continuó. Se le recuerda con amor.

La segunda historia es de un niño que fue encontrado en el río. Su pierna se atoró, presuntamente durante una zambullida casual. El padre de ELLA dice que lo encontró abrazando sus piernas y con una sonrisa en el rostro. Se dice que es prácticamente imposible que esto suceda dado que las últimas impresiones mientras uno se ahoga son de desesperación, así que se presume que el niño abrazó su destino y se fue feliz con toda la inocencia que el mundo no logró arrebatarle. 

Cuando tenía doce años, fui de excursión a Cofre de Perote, por el rumbo hay, o había, un nacimiento, relativamente profundo, de agua. En ese entonces mis habilidades para nadar eran nulas y, como suele pasar en viajes entre amigos, alguno de ellos me aventó porque yo no quería entrar. Nadie sabía que no tenía idea de cómo nadar. Recuerdo que en mi desesperación movía los brazos intentando salir, sin éxito. Este mismo manoteo provocó que mi cabeza terminara impactando con una roca. En ese instante dejé de moverme. El ruido se hacía más claro y al mismo tiempo parecía cada vez más lejano, lo mismo con lo que miraba, parecía que todo se oscurecía de a poco. Alguien logró sacarme finalmente. La sensación del aire volviendo a tus pulmones es una cosa extraña que no puedo describir de manera correcta.

Pienso que hay momentos que pueden volverse pistas, a veces tenues, en otros casos más marcadas. Creo que el mar, el agua, y yo tenemos un vínculo desde siempre, uno de confianza y aceptación. Quizá por eso cada vez tengo más sueños con el mar y su vaivén en mis pies. En mis sueños, me encuentro de pie a la orilla de la playa, si es que esto existe en realidad. El agua comienza a mojar mis pies y me siento como arena siendo arrastrada lentamente por el ritmo del agua. De un momento a otro mi cara está completamente sumergida y puedo ver la turbulencia que dejan las olas a su paso. No siento necesidad de respirar, no quiero hacerlo. Existe un dolor en el pecho que va creciendo, se expande hasta que no puedo contenerlo y entonces abandona mi cuerpo y me hago uno con el mar, me vuelvo líquido. Pienso en ELLA y no siento dolor, ya no hay nudo en la garganta, sonrío, ya no importa si me ama, o me amó, o si quiere pasar la vida conmigo. 

Usualmente despierto llorando después de estas escenas. Quizá cuando siento que soy el mar es porque comienzo a llorar fuera del sueño, solo que no soy consciente de ello. Y siempre recuerdo la letra de una canción de Delgadillo: vuelvo camino al mar, mar de mi alma que a tiempo amaina la pena del viajero sin hogar. Inmediatamente después una oración repetitiva como versos de un poema que no alcanzaré a escribir:

Pienso en el mar

en los cuerpos flotando a mi lado 

ayudando a sumergirme


jueves, 18 de febrero de 2021

El nuevo desenlace

Antecedentes 14

Pasaron alrededor de seis meses desde mi despido del equipo de inventarios hasta que recibí una llamada diciendo que si quería podía volver. La verdad es que no lo pensé y acepté de inmediato, quizá en gran medida porque las experiencias que tuve ahí fueron gratas (lo hice por la cerveza en realidad). 

En Matrix, particularmente la segunda y tercer película, hay una frase recurrente entre Morfeo y Niobe: hay ciertas cosas en este mundo que no cambian... y otras cosas que sí. Suponer volver a un sitio y que todo se mantenga tal cual como lo dejaste es un error constante, y no solo me refiero a los lugares. Todo avanza, puede ser, tan lento, que en ocasiones no percibimos el cambio cuando lo vivimos de primera mano, cuando somos parte de él. Sin embargo, apenas dejamos los espacios, las personas, van transformándose en una nueva versión que al volver es irreconciliable.

Desafortunadamente, no percibí el cambio al regresar, incluso puedo asegurar que no lo percibí sino hasta muchos años después. En ese momento me pareció que todo estaba en su sitio, incluso la chica con la que no debería hacer nada, ni declarar nada. M. seguía en la misma oficina, llegaba todavía a la misma hora de siempre y su perfume era tal cual lo recordaba.

Su cara, al verme de nuevo , fue de alegría, una alegría casual, parecida a ver a un viejo conocido con el que compartiste una buena charla alguna vez. Yo, estuve agradecido por esa alegría y eso ocasionó que cometiera mi primer error en esta nueva etapa: pasar más tiempo en la oficina.

Mi jefe directo era el encargado de capturar todos los datos que arrojaba el inventario, esto lo hacía desde el escritorio contiguo de M., después de las 2 o 3 de la tarde. En teoría nosotros éramos libres a partir de las 2, salvo en casos peculiares. A nadie le hace daño la ayuda extra, sobre todo si es gratis: esa era mi oportunidad, mi puerta de entrada.

Le pedí a mi jefe que me enseñara a utilizar el sistema en el que capturaba y que me dejara apoyarlo. Evidentemente él supo de inmediato que, más que prestarle ayuda, lo hacía por mis propias motivaciones, así que aceptó, por tanto, todo bien, al menos eso pensaba. Tenía muchas horas para aprender de sus gustos musicales y de todas aquellas cosas que llegaba a comentar. Para aquellos que lo piensan ahora, sí, básicamente era un acosador. Y sí, suena terrible, y lo es, pero si quería tener una posibilidad era necesario que supiera si cumplía con ciertos requisitos que ella pudiera "pedir".

Debo aclarar que eventualmente dejé de ser un acosador, es decir, dejé de ser el que escuchaba desde "lejos" y pasé a platicar directamente con ella, a trabajar en un canal de comunicación profunda y segura en el que pudiéramos expresar cualquier cosa sin miedo al prejuicio, eso ayudó mucho. Poco a poco fui descubriendo cosas acerca de ella y acerca de mí. ¿Recuerdan que dije que no era de los que se metían en una relación? Pues justo aquí descubrí que no me molestaba hacerlo. ¿Me sentía mal por ello? En absoluto. La razón de la falta de culpa se debió a que entre las cosas que descubrí estaba un proceso de abandono por ambas partes. Y, si antes de mi presencia ahí ya habían decidido terminar con lo que tenían, no era mi culpa y mucho menos me volvía el villano (eventualmente uno descubre que en la vida no hay un malo o un bueno, todo es bienestar de alguna de las partes, y todos actuamos desde el egoísmo).

De este modo llegamos a la noche en cuestión. En esa ocasión ella estaba terminando algunas cuestiones de nómina y yo estaba por terminar con mi trabajo. Estábamos solos en la oficina. Al despedirme le dije que me gustaba mucho y que sería lindo hablarlo algún día. Ella no respondió, entonces aproveché para irme. Imaginé que no habría un después para el tema. Sería quizá como una de esas cosas que uno, ella en este caso, prefiere olvidar y dejarlo volando por siempre para no meterse en problemas, pero más tarde esa misma noche, ella me envió un mensaje.

- ¿Por qué tenías que decírmelo? Es obvio que te gusto y lo sabía y hasta ahí todo estaba bien, entonces ¿Por qué arruinarlo confesando lo evidente?

Mi respuesta, extremadamente larga pero dividida en breves mensajes, se resume en lo siguiente: Aquella ocasión cuando te pedí que tomáramos café y no dije nada me sentí mal por callar algo que sí tenía intención de revelar.

Ella aceptó que imaginaba algo así pero que pensó que estaba equivocada cuando le dije lo que sea que le haya dicho. De verdad no logro recordar qué fue. Y entonces dio por cerrado eso hasta semanas después de mi regreso, donde a todas vistas dejaba en claro que había algo más.

Seguimos charlando a lo largo de tres horas probablemente, solo que ya no del tema, eso lo dejamos de lado y comenzamos a mencionar todas las cosas que se nos ocurrían: música, películas, quién nos caía mal en el trabajo, secretos de oficina (chismes), etc. Al final ella llegó a su casa y fue el momento en el que dejamos de escribir. Después, en los siguientes días, todo pasó como si nada. Preferí no sacar el tema a colación y ella tampoco quiso hacerlo. 

La siguiente semana al despedirme bajo condiciones similares: solo nosotros en la oficina, la charla nos alcanzó demostrando que las cosas llegan tarde o temprano, algunas pronto como el beso que tuvimos esa noche, algunas más tarde como mi locura que, pese a no haber estado presente en esta temporada, seguía ahí esperando el mejor momento para hacerse presente.

martes, 16 de febrero de 2021

Sobre los hallazgos fortuitos

Vine buscando... en realidad no estaba buscando nada ese día. Resulta que a veces el perder el tiempo en las redes sociales tiene su recompensa. Antes de avanzar debo comentar que hace un par de meses di de baja mis dos redes principales: Facebook e Instagram, quedándome solo con Twitter, cosa que me resulta por demás cómica. Durante años dejé de lado dicha red, ni siquiera recuerdo la razón por la cual la abrí en un principio, pero en estos días ha sido bastante benevolente conmigo. 

Pues resulta, retomando lo que comencé líneas arriba, que en uno de estos días de procrastinación me topé  con el tuit de @maymartt. Ni siquiera tengo idea de quién es. El caso es que su mensaje me llevó a encontrarme con un poema de Berta García Faet. Es un poema algo extenso pero extremadamente hermoso (sí, estoy consciente de que esto es un juicio completamente subjetivo).

Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año de 1999 en una misma habitación

me gustaría meter a todos los chicos
que he besado
desde el año 1999
en una misma habitación 
y volver a besar a todos los chicos
que quiero volver a besar
y besar en la mejilla (o tal vez en la frente) 
a aquellos a quienes ya amo 
y decirles a los chicos cuyo nombre no recuerdo
hola, chico, cómo te llamas? 
Y decirles a los chicos cuyo nombre no olvidé 
no me olvidé de tu nombre, y tú?

me gustaría ponerlos en fila 
mirarles fijamente a los ojos uno por uno 
por orden cronológico 
y asignarles, no un número, sino un color y una temperatura 
y asignarles, no un número, sino una canción pop

Lo anterior son solo dos estrofas del poema en cuestión y en el momento en que lo busquen y terminen de leerlo descubrirán la razón por la cual quedé conmovido con él.

Dije en algún punto que no dejamos de querer a las personas, y que las cosas suceden una y otra vez, y que los recuerdos son el eco de esos momentos, también lo son las consecuencias que vivimos después de cada acto de fe/cariño/amor. Este poema navega en ese mar, es una suma de la esencia de las personas, incluso de las que olvidamos el nombre o aquellas que olvidaron el nuestro. Algo hay de cada uno de ellos que sigue aquí hasta el momento en que la música deje de sonar.

Y, más allá de lo ya dicho, recuerdo que me gusta la poesía y escribo, o trato de escribir, poesía porque es un diálogo que podemos entablar con nosotros mismos y los diferentes espacios en los que existimos. Somos las habitaciones llenas de gente, las noches a media luz, las charlas hasta la madrugada, las segundas oportunidades, las ganas de amar y el sufrimiento que puede conllevar el acto. 

La poesía es mirarnos a nosotros mismos desde diferentes puntos de vista y decirnos Ayer llegó el otoño/ el sol de otoño/ y me sentí feliz/ como hace mucho.

domingo, 14 de febrero de 2021

Enloquecer en domingo

Del amor y las películas

La noche anterior buscaba una película en el catalogo de Netflix para "ver"mientras me quedaba dormido. Debo decir que soy de las personas que suelen ver mil y una vez las mismas películas, y esta ocasión no fue una excepción. Entre las recomendaciones que me aparecieron reconocí inmediatamente Matrix recargado: y como esta trilogía se encuentra entre mis favoritas no dudé en elegirla para que me ayudara a descansar.

Para los que no recuerdan la película, o para aquellos que no la han visto, la primera escena muestra a Trinity (personaje secundario en teoría) entrando a la Matrix y segundos después escapando de un agente que la persigue hasta que consigue acertar uno de los disparos, acabando con su vida. En ese momento Neo (el personaje principal) despierta y sale de la cama, en la que duerme con Trinity. En la siguiente toma vemos a Neo sentado en una mesa y ella llega a preguntarle si todo está bien. Él se limita a responder que solo está decidiendo qué es lo que debe hacer. Esta escena es una de las que puede resumir el tipo de cariño y relación que existe entre ellos: ambos están decididos a realizar hasta lo imposible para no perder al otro. 

Recuerdo que tuve la oportunidad de ver esta entrega en el cine. Estaba todavía en la preparatoria y en ese momento salía con alguien (en alguna entrada ya hablé fugazmente de ella). Después de ver el filme comencé a pensar en la fuerza que se sentía en su relación y, al mismo tiempo, la libertad con la que se desenvolvían. Cada uno se desarrolla de manera independiente pero con una meta en común. Sin estorbarse y aun así estando en los momentos trascendentales.

Los años pasaron desde que terminó la saga. La última parte de la trilogía sigue de cerca el camino que Neo tiene que recorrer y cómo Trinity sigue funcionando como un pilar fundamental para que pueda lograrlo. Debo decir que me parece por demás hermoso cómo el camino de uno lleva a ambos hasta el límite y, por supuesto, a cumplir con su destino. Y viendo la historia con otros ojos, pienso que el camino de Neo no sería posible sin Trinity, porque si bien Morfeo, con ayuda del oráculo, había descubierto que Neo era el elegido, no es sino la confirmación de Trinity lo que lo convierte como tal en el elegido. En otras palabras, si Trinity no le hubiera dicho a Neo que lo amaba, él habría muerto y ese sería el fin del guion. Por eso, en mi lectura de las películas, al morir Trinity se acaba la figura de Neo, porque el elegido está formado por el amor y no por la salvación de Sion.

Pero ya me desvié bastante de lo que quería decir. La idea de todo esto es: por la mañana, mientras veía Matrix revoluciones, pensaba en lo distanciada que ha sido mi vida respecto a mi ideal de pareja. Han pasado varios años desde entonces y las cosas que han sucedido no son para nada parecidas a lo que los personajes mencionados muestran y desarrollan. Y mientras mi ansiedad crecía pensando que probablemente no tendré la oportunidad de tener algo así en la vida, o lo que resta de ella, un mensaje esperado por largo tiempo llegó: voy rumbo a tu casa.