miércoles, 6 de abril de 2022

Las cosas que no decimos

 La carta suicida


Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

César Vallejo


Aquí se acaba el miedo
las preguntas sin resolver
y el anhelo por el mañana

Aquí se desvanecen 
las marcas de mi pecho
y el uso de las navajas 

Aquí elijo el frío del mar
y escondo tu nombre
en las últimas palabras

Aquí donde puedan
reconocerte
intencionalmente

Nunca me sentí tan cansado hasta que llegué a ti. No me mal entiendas, ni me mal interpreten. No te culpo, siempre hubo claridad por parte tuya, y en repetidas ocasiones dejaste muy claro que tu propósito en mi vida solo era de paso. Soy yo el que siempre, incluso en estos momentos, se aferró a la idea de que esto no era temporal. Error mío.

Lo único que pretendo es que no niegues que conoces lo que me ha sucedido y cómo cada decisión que he tomado respecto a nosotros me trajo hasta aquí, de nuevo no como consecuencia de algo que tú hayas hecho sino de algo que yo mismo propicié.

Quise creer que soportaría una situación, la tuya, como una persona estable por completo y con la madurez necesaria para lograrlo, sin embargo queda demostrado que fui sobrepasado siempre.

Elijo irme, finalmente, porque lo que siento al saber lo que haces (al menos lo que puedo ver) es más de lo que puedo soportar.

Te pido entonces: no niegues saber lo que me pasó, te lo pido como respuesta a mi respeto de no contar lo que sucedía entre nosotros.

Por eso mismo me llevo todo lo que ha pasado entre nosotros conmigo, porque sé que seré fácilmente olvidado, y lo espero también.

Si algo han de saber que sea de boca tuya y no por mis palabras que poca justicia harán del caso.

Y eso es todo lo que tengo que decir aquí.

No hay comentarios: