Vine buscando... en realidad no estaba buscando nada ese día. Resulta que a veces el perder el tiempo en las redes sociales tiene su recompensa. Antes de avanzar debo comentar que hace un par de meses di de baja mis dos redes principales: Facebook e Instagram, quedándome solo con Twitter, cosa que me resulta por demás cómica. Durante años dejé de lado dicha red, ni siquiera recuerdo la razón por la cual la abrí en un principio, pero en estos días ha sido bastante benevolente conmigo.
Pues resulta, retomando lo que comencé líneas arriba, que en uno de estos días de procrastinación me topé con el tuit de @maymartt. Ni siquiera tengo idea de quién es. El caso es que su mensaje me llevó a encontrarme con un poema de Berta García Faet. Es un poema algo extenso pero extremadamente hermoso (sí, estoy consciente de que esto es un juicio completamente subjetivo).
Me gustaría meter a todos los chicos que he besado desde el año de 1999 en una misma habitación
me gustaría meter a todos los chicos
que he besado
desde el año 1999
en una misma habitación
y volver a besar a todos los chicos
que quiero volver a besar
y besar en la mejilla (o tal vez en la frente)
a aquellos a quienes ya amo
y decirles a los chicos cuyo nombre no recuerdo
hola, chico, cómo te llamas?
Y decirles a los chicos cuyo nombre no olvidé
no me olvidé de tu nombre, y tú?
me gustaría ponerlos en fila
mirarles fijamente a los ojos uno por uno
por orden cronológico
y asignarles, no un número, sino un color y una temperatura
y asignarles, no un número, sino una canción pop
Lo anterior son solo dos estrofas del poema en cuestión y en el momento en que lo busquen y terminen de leerlo descubrirán la razón por la cual quedé conmovido con él.
Dije en algún punto que no dejamos de querer a las personas, y que las cosas suceden una y otra vez, y que los recuerdos son el eco de esos momentos, también lo son las consecuencias que vivimos después de cada acto de fe/cariño/amor. Este poema navega en ese mar, es una suma de la esencia de las personas, incluso de las que olvidamos el nombre o aquellas que olvidaron el nuestro. Algo hay de cada uno de ellos que sigue aquí hasta el momento en que la música deje de sonar.
Y, más allá de lo ya dicho, recuerdo que me gusta la poesía y escribo, o trato de escribir, poesía porque es un diálogo que podemos entablar con nosotros mismos y los diferentes espacios en los que existimos. Somos las habitaciones llenas de gente, las noches a media luz, las charlas hasta la madrugada, las segundas oportunidades, las ganas de amar y el sufrimiento que puede conllevar el acto.
La poesía es mirarnos a nosotros mismos desde diferentes puntos de vista y decirnos Ayer llegó el otoño/ el sol de otoño/ y me sentí feliz/ como hace mucho.
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