De las personas que trae la música
Esta mañana pude despertar más tarde de lo normal, lo cual representa una gran ventaja porque representa omitir la parte del domingo en la que el silencio de la ciudad me permite conectar de manera más profunda con mi ardilla y por tanto sentir mayor ansiedad desde muy temprano. Otra de las ventajas de este domingo es que ha sido un día bastante apurado y por tanto sin posibilidades de pensar demasiado. Sin embargo, hubo un momento en particular en el que un tuit leído me hizo recordar el poder que radica en las canciones.
El mensaje, a grandes rasgos, decía: si cada canción que te hace sonreír te recuerda a ella, ahí es. Lo anterior me hizo recordar a mi penúltima relación, de manera específica los seis meses que siguieron después de que terminamos. De entrada debo admitir que gran parte de mi vida tuve el gusto de dedicar canciones, y luego volver a dedicar las mismas, a diferentes personas. Esto porque siempre he sido ferviente defensor de que las canciones hablan más de nosotros que de las personas a las que se las damos. Por otro lado, ella fue la última persona a la que le dediqué las mismas canciones de toda la vida.
No recuerdo si lo hice de una manera consciente o si solo fue un impulso del momento, el caso es que dejé de lado la música en la relación y la tomé solo para mí. Lo curioso es que una vez que cuando hablé con ella nuevamente, después de haber terminado, me contó que en uno de sus viajes de trabajo escuchó una canción que le hizo pensar en mí y que la letra poco tenía que ver, que había sido más una cuestión de la melodía. Cuando me lo contó me sentí mal, primeramente porque a pesar de todo la quiero mucho (digo a pesar de todo porque la dejé a causa de no querer comprometerme con ella) y es una chica muy linda, pero también me sentí mal porque justo lo que no quería era que eventualmente existieran canciones que le recordaran mi tiempo conmigo a mí.
Lo que trato de decir es que el tuit de esta mañana me hizo pensar en cómo a veces creamos recuerdos de manera inconsciente y a pesar de nuestras intenciones. Esto me sucede con la canción de Lover is a day de Cuco. La mañana que escuché esa canción desperté a causa del frío y en la casa de un amigo del trabajo. Y mientras la escuchaba veía como ELLA (la máxima representación de mi amor por alguien hasta ahora) dormía en el sillón contiguo. No tenía idea de qué decía la letra pero estaba consciente de que la sensación era por demás compatible con la melancolía (sensación que al final es la marca característica de mi relación con ella).
Ese mismo día al volver a casa me dediqué a rastrear con éxito la canción, no tengo que decir que ahora pertenece a mis favoritas. Pero la verdadera belleza de Lover is a day, actualmente, radica en que sin importar bajo que circunstancia la escuche me hace recordar no solo a una persona sino toda una temporada de sensaciones que pueden ser expresadas a partir de las notas de lo que Cuco creó.
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