viernes, 29 de enero de 2021

El nuevo desenlace

Antecedentes 10

Lo cierto es que pocas veces las cosas salen como tienes en mente y esta no fue una excepción. Recuerdo que le pedí a C. que camináramos hasta un parque cercano, básicamente porque el lugar era poco frecuentado y eso garantizaba que cualquiera de las emociones posibles tras la ruptura fuera mitigada con efectividad. Al menos me parecía un buen plan, salvo que ella tenía su propio plan: darme un regalo de cumpleaños. Esto en realidad no debió cambiar nada, y juro que mi intención era mantenerme firme hasta que me mostró el regalo.

Lo sé y lo admito, soy una basura, pero seamos honestos, todos en algún momento hemos jugado en los dos extremos y a veces también hemos sido culeros con alguien. Y sí, esto es un intento de excusarme. De cualquier modo, lo que sucedió fue lo siguiente: C. me dio uno de los mejores regalos que me han dado en la vida, una pluma fuente; porque en ese tiempo estaba tratando de abrirme paso en el mundo de la creación literaria y tal; y ella siendo tan buena, porque de verdad lo es, me regaló la pluma en señal de la confianza que tenía en mi talento. 

De tal suerte que en ese momento tenía dos opciones: elegir seguir con mi plan antes de seguir jugando con alguien que me quería o tener un instrumento de escritura con el cual soñé gran parte de mi infancia. Así tuve la primer pluma de mi colección y C. consiguió un mes más en una relación sin futuro. 

Es curioso cómo envejecen nuestros recuerdos con los años y lo mucho que se parecen a la vida de una persona promedio. Al inicio las memorias poseen gran vitalidad, son viscerales y hay poco control en ellas, sin embargo, conforme los días pasan, éstas se van anquilosando y todo es más sereno. Con el tiempo uno comprende que no puede contar una versión que no le corresponde, lo que el otro hizo o dejo de hacer es su parte de la historia, mientras, uno debe ser responsable de la propia.

Un mes más tarde C. y yo terminamos. Claro que terminé contándole del correo que L. me envió y el cómo eso me hizo darme cuenta de que no había terminado realmente con mis sentimientos hacia ella. Aunque eventualmente me daría cuenta de que en realidad lo que sucede es que uno no deja de querer a las personas de la noche a la mañana, en realidad uno no deja nunca de querer a las personas, simplemente aprende que algunos momentos deben quedarse solo como imágenes, ecos de lo que nos formó para llegar al presente y disfrutarlo. Al menos eso dice todo el mundo ¿no? 

No hay comentarios: