jueves, 19 de noviembre de 2020

El nuevo desenlace

Antecedentes 7

Opté por "reinventar" mi vida nuevamente y darme nuevas oportunidades. Dejé de lado a mi círculo de "amigos", cosa que de alguna manera ya estaba sucediendo mucho antes de que abandonara la carrera de contaduría, y me infundí valor y seguridad desde el primer día. Esto funcionó bastante bien. Mi mente, la ardilla, calló sus voces por mucho tiempo.

Mis primeras interacciones fueron completamente aleatorias y no me esforzaba por pertenecer, o por no hacerlo, simplemente vivía al día y a mi modo: pocas preocupaciones, mucha confianza. Esta forma de actuar me ayudó a tomar las riendas de mi vida y a ser asertivo con cada paso emprendido. Incluso por momentos parecía que podría ser un líder, aunque nunca aceptaría este rol porque eso es demasiado para mí.

Conocí a un par de personas que llamaron mi atención en el primer semestre, y aunque demostré afecto hacía ellas, ya había un límite marcado que no pensaba pasar. Así pues, todo, absolutamente todo estaba en control porque yo no permitía que algo se saliera de lo prospectado. Así pasaron un par de años, hasta que comencé a frecuentar los lugares donde mis amigos tocaban los viernes en la noche.

Su grupo hacía covers de rock en español. A veces dejaban que yo subiera al escenario con ellos para tocar algunas canciones, era divertido y eso me permitía beber gratis en esos días. Era un ganar ganar. Un sábado, de la temporada en que tocaban en la leyenda, el bajista me presentó a una chica lindísima, que en ese momento me dio la impresión de que gustaba de mi amigo, así que, aunque me sentí fuertemente atraído por ella, no hice movimiento alguno para conocerla mejor.

Comencé a verla con mayor frecuencia en los círculos que frecuentaba, lo cual me parecía de lo más normal, después de todo y como le gustaba mi amigo, según yo, era lógico que lo siguiera a donde más pudiera. Yo platicaba con ella de vez en cuando, un tanto porque mi amigo no le ponía atención y eso me hacía sentir mal. Pensaba que si yo estuviera en su lugar sería horrible sentirme ignorado (no perdamos de vista esto porque entrado en años aprendí que cada cosa tiene sus matices). 

De tal modo que no solo me convertí en el cuida fans sino que de algún modo terminé siendo consejero. Al menos eso pensaba. ¿Han oído el dicho: nadie sabe para quién trabaja? Creo que es algo muy cierto. Explico. Por ese entonces estaba seguro de que mi labor era cuidar de la chica para que no perdiera el interés en mi amigo, por eso le contaba mil historias, todas buenas y verdaderas. Por eso, cuando llegaba el siguiente fin de semana y la veía de nuevo, sentía que mi esfuerzo lograba resultados, independientemente de la actitud de mi amigo. Pero resultó que ella no estaba interesada en él y que iba sí para verlos, porque le gustaba cómo tocaban, pero no específicamente a él.

Así decidí hacer algo por lo que debí optar en un principio: preguntarle a mi amigo si estaba interesado en ella. Como la respuesta fue negativa y a mí me seguía gustando mucho, comencé, ahora sí, a coquetear más con ella. Y no es por alardear pero para este punto ya no necesité hacer mucho. Resulta que desde que me vio echando el palomazo con ellos le gusté, pero ella sentía que no era recíproco porque yo me la pasaba hablando de mi amigo (¿ven lo que les decía sobre el dicho?). En ese momento comencé a explicarle lo que yo pensaba y al final ambos terminamos riendo por nuestras suposiciones.

Decidimos comenzar a salir, ambos éramos felices, al menos al inicio, pero había un asunto que no había trabajado todavía: la idea de que no podía ser feliz más allá de seis meses. Y aunque lo había olvidado por completo, no por decisión sino por la misma corriente a la que yo entré, la ida estaba ahí, apenas detrás de la puerta.


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