Antecedentes 4
Después de la secundaria estuve en la escuela de una empresa automovilística reconocida. Siempre tuve libertad por parte de mis padres para decidir claudicar de las actividades que realizaba en el momento en que ya no las quisiera o si me dejaban de interesar. No estoy seguro todavía sobre la bondad de tal acto; desde la situación actual considero que muchas veces es mejor guiar a las personas a concluir cosas en lugar de abandonarlas, salvo sus ciertas excepciones claro.
Es así como tenemos a un chico que se entiende por completo como bicho raro, y que además no tiene idea de la dirección en la que quiere ir pero que ha sido dotado con el poder de cambiar de idea y dar un giro por completo a la primer señal de conflicto que se le presente. ¿Logran ver el caos potencial? Pues en ese momento, por desconocer la situación por supuesto, mis padres no lo vieron venir; aunque lo cierto es que no habría cambiado mucho el que conocieran el contexto. No me lo tomen a mal, pero mis padres tenían, y siempre lo han tenido, sus propias cosas pendientes, aunado a eso, les resulta casi imposible ofrecer soluciones a problemas que salen del estándar.
En fin, yo sí sabía lo que sucedía conmigo pero desconocía que el huir de los problemas es una herramienta, aunque funcional, peligrosa a la larga. Por este motivo es que al final deserté de la escuela automovilística, sin considerar todas aquellas cosas que estaba poniendo en juego y que después valoraría y por las cuales, hasta ahora, me arrepiento en cierta medida. No obstante hay algo que sí pude aprender en esa etapa: en los contextos adecuados puedo aislarme por completo de las personas y eso me hace sentir bien. Esto lo descubrí durante la hora de la comida de la segunda semana. Después de pasar por mi plato de comida, elegí un lugar cerca de la fila donde servían el alimento pero lejos, quizá a cuatro mesas, de donde mis compañeros de clase se habían sentado.
Puedo decir que comer solo es un acto de fe en sí mismo para todos: los que decidimos ser ermitaños confiamos en que nadie se siente con nosotros, y que por supuesto no nos hablen; mientras que los que disfrutan de la compañía esperan con fervor que suceda lo opuesto, es decir, que alguien comparta con ellos el tiempo de los alimentos. Solo como nota al margen, el que sea un ermitaño no quiere decir que no disfrute la compañía de la persona correcta.
De tal manera que, habiendo hecho el descubrimiento de que soy feliz aislado y fincando los inicios de un uso descontrolado de la postergación al enfrentamiento de los problemas, decidí encaminar mis decisiones en un panorama diferente. Una escuela común, donde pudiera aplicar lo aprendido: alejarme de los demás. Como era de esperarse, mis padres no objetaron nada, sin embargo, como ya habían pasado dos meses desde las inscripciones no pude conseguir lugar y eso representaba una sola cosa: tendría que conseguir un trabajo durante un año para no ser una persona sin responsabilidades.
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