Antecedentes 1
Por años pospuse mi regreso a blogger. Había eliminado todas las entradas anteriores porque en un punto me parecieron carentes de sentido. Fue entonces cuando me di a la tarea de regresar con algo verdaderamente interesante. Sobra decir que no lo conseguí. La razón es simple: desde hace mucho creo que mi vida carece de momentos divertidos o excepcionales, cosa que no es totalmente cierta pero que sí depende por completo de mi percepción de la misma. Trataré de profundizar.
Desde que tengo memoria he intentado encajar con las personas, con el mundo en general, a veces lo logro y otras veces no termino de adaptarme. Resulta que hay una parte de mí que, cuando más disfruta estar en un sitio o con algunas personas, actúa como una batería que se ha quedado sin carga y es ahí cuando sucede la magia (esto es broma), mi cara comienza a desentonar y mi ánimo decae por completo, me da sueño y siento la imperante necesidad de volver a casa. Esto no siempre fue así, aunque mentiría si dijera que conozco con certeza el momento en el que comenzó. Y lo digo porque el recuerdo más temprano que tengo de esta sensación sucedió en la primaria, acotación: mi memoria almacena centenares de referencias a programas y películas, incluso de recuerdos importantes de otras personas, lamentablemente nunca le di demasiada importancia a mis propios recuerdos, por esta razón me resulta cada vez más complicado escarbar en busca de respuestas.
Retomo la idea de lo que sucedió en primaria. Era el último día en que teníamos que vernos, hubo una especie de comida de "graduación", al menos eso creo, recuerdo que colocaron algunos tablones y unas sillas en el patio de ceremonias de la escuela. Me senté en un extremo y todos me parecieron lejanos, ahí me di cuenta que estaba descompuesto, no me sentí mal, solo ajeno, parecido a cuando ves una película que puede moverte a sentir algo pero de la cual no formas parte. Desde entonces muchos de mis momentos futuros, pasados ahora, fueron así.
No le di mayor importancia después de ese día, quizá porque antes de ese instante no mostré indicios de aislamiento selectivo, no era el popular en la escuela pero tampoco pertenecía a los que no eran reconocidos, además no existieron señales de otro episodio así en las semanas siguientes, por tanto ¿era un problema real que mereciera mi atención? Decidí que no, pero justo fue la decisión de un chico de 12 años, la primera que me traería consecuencias graves, que actúa por ignorancia, ya que la pregunta que resonaba era ¿cómo le digo a mis padres (mi madre en realidad) que me sentí lejos de todas las personas que se encontraban en el mismo espacio conmigo? A eso podemos sumarle el temor de ser tomado como un bicho raro, ya que en ese tiempo todavía no aceptaba que lo era, y entonces tenemos la respuesta lógica, para mi mente diminuta en esa época, no hay que contar nada y sigamos con nuestra vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario