viernes, 12 de febrero de 2021

El nuevo desenlace

Antecedentes 13

Algunas cosas pasaron desde mi rompimiento con C. que me permitieron mantenerme lejos de las relaciones y de la forma en la que lastimaba a las personas. La más importante de ellas fue la enfermedad de mi madre. Esto me absorbió en gran medida y eventualmente lo tomé como excusa para alejarme no solo de las personas sino también de otras actividades, entre ellas la universidad. No obstante, y para bien, mi madre posee una gran fuerza de voluntad y esto le permitió recuperarse rápidamente gracias al tratamiento. Así, poco después de un año, me encontraba buscando trabajo.

Siempre he tenido suerte en la cuestión laboral, con esto quiero decir que todos los trabajos que he conseguido han sido gracias a que alguien más me ha recomendado. Y bueno, algo debo hacer bien porque siempre he tenido la oportunidad de aprender y desempeñar los puestos en los que he permanecido.

Mientras buscaba algo estable, un conocido de aquellos años me llamó para contar alitas de pollo (sí, algunos negocios las porcionan así), y, como a nadie la dan pan que llore, acepté. Para mi sorpresa pasé un gran tiempo, además de que aprendí que soy altamente competitivo, no solo con los otros sino también conmigo, razón por la cual, después de tres veces que fui de manera temporal, me contrataron para estar en un pequeño equipo de inventarios.

En mi primer día nos hicimos cargo de realizar un conteo previo a la apertura de uno de los bares del corporativo, y puedo recordar con detalle bastantes elementos de ese día, la razón: una chica. Ya sé, tenía la promesa de no involucrarme en la vida de alguien, pero juro que en ese momento no hice nada más que ser capturado por la escena. Y la llamo escena porque sucedió justo como lo había visto en algunas películas: un chico (yo) se encuentra detrás de la barra contando la cristalería. Al otro lado un grupo de personas espera para su última capacitación. Una chica entra, el tipo en la barra la mira apenas de reojo. Después, ella comienza a hablar y entonces el chico voltea inmediatamente buscando a quién pertenece la voz y descubre que la mujer en cuestión no solo es poseedora de una voz agradable sino que es muy guapa. Entonces se queda petrificado un instante.

Seguí con mi trabajo al recordar que no debía hacer nada, estaba ahí por otras razones y no era aceptable perder el objetivo de vista, pero, pedir información acerca de ella no le haría daño a nadie ¿cierto? Por supuesto. Entonces, al terminar el día, y de manera nada sutil, le pregunté a mi jefe sobre ella. ¡Qué fortuna! Era casada y tenía una hija, eso significaba que estaba fuera del foco, después de todo no me entrometería en una relación establecida. Eso me dejaba tranquilo porque no era un rompe hogares. Al menos no lo había sido. Con C. estuve en medio de una relación, sí, pero yo no sabía que ella estaba con él, entonces no contaba como un acto cometido con alevosía.

Con toda la situación bajo control, el trabajo fue por demás divertido. Diariamente visitábamos tres diferentes unidades, y entre cada conteo teníamos la oportunidad de perdernos unos momentos para desayunar, o simplemente para procrastinar. Claro que había días en los que no podíamos darnos tales lujos porque había que seguir contando alitas, pero esos momentos tenían una recompensa diferente, esta era que durante el conteo podíamos beber cerveza. Y así descubrí mi gusto por la Modelo especial y por beber, también, después del trabajo.Y esto era doblemente especial porque confirmaba una idea que aprendí de la película The Shawshank redemption.

En la película, los reos se encuentran trabajando impermeabilizando el techo de la prisión. Al finalizar la tarea, y como pago por los servicios contables de Andy (protagonista), el guardia que se benefició de dicha ayuda les da una cerveza a cada uno. El dialogo como tal de esa escena es: nos sentábamos y bebíamos con el sol sobre los hombros y nos sentíamos hombres libres. Así también descubrí lo liberador que puede ser beber después de un día arduo o en los momentos difíciles. Supongo que esa es la razón por la que la mayoría suele beber.

Con respecto a M. (la chica agradable de la capacitación) puedo decir que se convirtió en algo platónico. Podía hablar con ella por algún tiempo, y solo algunos días. Yo disfrutaba mucho esa dinámica porque me permitía no lastimarla y no lastimarme. Lo cual era ganancia absoluta.

Pero ya les dije que las cosas no siempre suceden como uno desea. Y pronto el corporativo pasó por un momento financiero difícil, razón por la que algunas personas tuvieron que ser dadas de baja, entre ellas todo el grupo de inventarios. Así, después de seis meses de momentos divertidos pasaría de nuevo a la etapa de buscar trabajo. 

El día que fui a recoger mi último pago mi jefe habló conmigo. 

- Si ya no estarás aquí ¿por qué no le dices al menos que te gusta?

La idea parecía racional, con mi despido ya no tenía nada que perder. Y de todos modos estaríamos seguros puesto que solo era confesar mi gusto por ella. Nada podía salir mal.

Subí a su oficina. Le pregunté si tenía tiempo para tomar un café. Dijo que sí y en cuestión de minutos estábamos sentados uno frente al otro.No sabía como tomar el tema. ¿Debía darle vueltas o ir directo al punto? En esto siempre he sido malo. Por fortuna ella lanzó la pregunta. ¿Qué querías decirme?

Ni siquiera puedo recordar qué mentira le conté. Seguro dije algo como: quería agradecer el tiempo que trabajamos juntos. O alguna cosa así. 

Saber callar cosas también es una virtud. Al menos eso he escuchado en algún sitio. 

Este debió ser el final de esta historia. Pero las cosas no siempre suceden como uno las desea.

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